Bien por Fred

Septiembre 17, 2008

Con más que gusto me entero de que Fredric Jameson ha ganado el Holberg International Memorial Prize 2008. Dicha organización (cuya existencia acabo de conocer pero que ya ha repartido sus coronas a Jürgen Habermas y Julia Kristeva) afirma que Jameson “has made outstanding contributions to the understanding of the relation between social formations and cultural forms”.
Ni que decirlo tienen. ¡Alegría, también, aquí en el último rincón del mundo!

Para mayor felicidad, incluyo un video del maestro.

Y ahora bien por Salazar

Agosto 28, 2006

El festejado, de pelo blanco y barba ídem
Como iluminado por el rayo de la justicia, el heteróclito jurado del Premio Nacional de Historia ha decidido premiar a Gabriel Salazar. Nueva a alegría para este humilde servidor, aunque por razones diferentes a las que invoqué en el pasado post.

No soy, por supuesto, un gran lector su obra. De todas formas lo poco que conozco de ella (algunas partes de su Historia contemporánea de Chile, el memorable artículo “Ser niño huacho en la historia de Chile” y un vistazo rápido a Labradores, peones y proletarios) es sorprendentemente diáfana en cuanto a su objeto y sus convicciones. Historia desde abajo, no de las elites; historia hecha a partir de las interpretaciones de disenso, sin transar en acuerdos historiográficos sospechosos. Historia material y situada. Qué más se puede pedir.

Albricias, alegría.

Bien por Varas

Agosto 21, 2006

Noticia de último minuto, acabo de saber que José Miguel Varas recibió el Premio Nacional de Literatura dosmilséis. Sé que no tengo ni media vela en este entierro, pero de todas formas el asunto me pone feliz. Con Varas no solo se premia a un novelista de fuste y de talento (es cosa de darle una vuelta a El correo de Bagdad, curiosa novela chileno-eslavo-iraquí y que tal vez es uno de los mejores libros del siglo veinte chileno); también se reconoce a una generación entera de hombres y mujeres que dejó los pulmones –y a veces uno que otro miembro más– en el pedregoso camino de la utopía.

No estoy pensando solo en los que fueron asesinados, torturados o exiliados por la dictadura. Hablo también de todos los que celebraron el triunfo de Pedro Aguirre Cerda, los que huyeron de González Videla y en cambio esperaron el cielo de Salvador Allende. Hablo de los que creyeron, por primera vez en la historia de Chile, en la igualdad básica de los seres humanos, en el derecho de los pobres para escoger su propio destino y el destino de todos si eran mayoría. Hablo de los que imaginaron que otro mundo era posible, los que metieron las patas hasta el fondo, es cierto, los que quisieron traer la redención total y absoluta, los que odiaron enconadamente al burgués pequeño, mediano y grande, pero que son los mismos que conocieron y reconocieron la dignidad del mundo popular.

Con Varas se premia por primera vez, creo, el ímpetu, los aciertos y las inmensas culpas de una generación que construyó y disfrutó de un Chile gris pero entrañable. Más justo que el de hoy, por cierto, y también más pobre; un país fiscal como dice De la Parra, país de sindicatos y de obreros, de terratenientes e inquilinos, país de Manuel Rojas y de Recabarren y de Fernando Alegría y de Nicomedes Guzmán y de Carlos Droguett y de tantos otros nombres que estamos comenzando a olvidar.

Es como si el nieto cosmopolita y globalizado se hubiera dado un tiempo para dejar una pequeña flor en la tumba de su abuelo ferroviario. Qué cosa. Bien por Varas.