Tres maquinales II

Septiembre 23, 2006


Dispositivo per facilitare il parto


El monstruo 2

Herminia es la hija de un hombre eternamente enamorado, del novio incansable de una serie infinita de hermosas jóvenes ingenuas. Además de ser el padre de Herminia es padre de un hermano de ella y de siete medio hermanos o hermanas cuyas madres (a diferencia de la madre de Herminia) lo importunan a cada rato pidiéndole lo que no quiere ni para sí mismo: dinero, seguridad. El padre de Herminia es un artista en ciernes eternas. Escribió una canción que ganó el segundo lugar del festival de Viña del Mal, pero después debió hacerse cargo de Herminia y de su hermano y se empleó como profesor de música en un colegio inglés de señoritas. Allí conoció a su primera novia, por amor a la cual se divorció de la madre de Herminia y por culpa de quien debió trabajar durante las noches en la orquesta bailable del maestro Juan Parrilla. En los pocos meses que duró ese trabajo el padre de Herminia tuvo un tercer hijo con la señorita, pero debió abandonarla por amor a una joven pintora que se ganaba la vida como bailarina en la orquesta Juan Parrilla. Con tres hijos a su cargo buscó un tercer empleo, y comenzó a trabajar como modelo en una academia de pintura. Allí, mientras un cuarto heredero crecía en el vientre de la joven pintora, el padre de Herminia se enamoró locamente de una doctora que asistía a las clases de pintura para librarse de una depresión mayor. A los pocos meses, obviamente, quedó embarazada, y obviamente también el padre de Herminia la abandonó. Muchas veces le ha ocurrido lo mismo: por eso su familia, que a veces también es la familia de Herminia, crece de modo absurdo y desordenado.
La madre de Herminia es rubia y aún debe ser bonita. Fue profesora de teoría de la música en la misma facultad que el padre de Herminia debió abandonar, primero por su fama incipiente, luego por la orquesta de Juan Parrilla y después por la familia. Cuando la conocí me pareció una mujer bella y vanidosa, excesivamente consciente de su belleza y de su inteligencia. Era, a su juicio, un milagro en el que se reunían el talento y la hermosura, un milagro hecho para deleite y fruición del resto de la humanidad. En términos generales, hay que reconocerlo, tenía razón. Lo malo era que la madre de Herminia era una mujer mala. En términos generales. Su primera desilusión ocurrió cuando Herminia era apenas una mata de pelos morenos y gruesos recién salida de un pubis rubio y perfecto. En la sala de partos, sin poder creer lo que había ocurrido, la mujer-milagro trepó barriga abajo tomada del cordón umbilical de su hija y solo concedió que le pertenecía cuando estuvo segura de que la cuerda había salido de su propio sexo. Hecho esto, por supuesto, se largó a llorar.

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