Lema: Si Cortázar tenía sus morellianas, yo tengo mis moralinas

Una universidad privada de perfil indefinible subraya como fortaleza en el currículo de su Licenciatura en Literatura el siguiente parrafito:

Privilegiar el encuentro de los alumnos con las grandes fuentes de la literatura, por sobre las intermediaciones (teóricas) que hoy debilitan una formación sólida en literatura hispanoamericana y universal, privilegiando los discursos secundarios (la “cháchara de altura”, según los define G.Steiner).

Dejando de lado las salpicaduras obvias (lo de Steiner no es otra cosa que discurso secundario, por de pronto) vale la pena preguntar: ¿qué harán en clases esos pobres estudiantes? A mí al menos se me ocurren algunas posibilidades. Si quieren ser fieles al criterio del directivo que redactó la declaración lo lógico es que asistan todas las mañanas a escuchar cómo su profesor lee emocionado fragmentos de Homero, Virgilio, Dante, Shakespeare y Cervantes (si fueran las obras completas la carrera duraría décadas). Para mostrar su aprobación o rechazo solo pueden asentir o negar con la cabeza, y dios los castigue si abren la boca (causal: discurso secundario). Las pruebas y los exámenes consisten en recitar de memoria y a la pata fragmentos de Homero, Virgilio, Dante, Shakespeare y Cervantes: si no le achuntan, reprobados; si pueden repetir, palabra por palabra y en su idioma original (las traducciones son comentario, a fin de cuentas), aprobados con estrellita. Cualquier palabra dicha en clase, excepto tal vez la lista y el permiso para ir al baño, es mera cháchara y, si me apuran, intermediación teórica (podría demostrar esto último, pero tendría que incurrir en teoría).

Espero de verdad que esa facultad no sea demasiado fiel a su declaración de intenciones. Espero que se lea y también que se discuta, que se admire y también que se debata, que junto a Cervantes se lean los ensayos de Borges, se conozca a Barthes y se escuche hablar de Derrida. Si no es así, si de verdad se limitan a las puras “fuentes”, entonces esos pobres estudiantes están en el peor de los mundos. ¿Cómo hablar de literatura sin recurrir a los felices intermediarios que han leído antes que nosotros? No hay forma de hacerlo, mal que les pese a los amantes del parrafito. ¿Cómo saber qué quiere decir exactamente el profesor, cuál es el estrado que usa para dictar cátedra, o en resumidas cuentas, desde dónde corno habla, si los estudiantes no tienen acceso a la cháchara que otros profesores han escrito? ¿Cómo juzgar si ese profesor chacharea de lo lindo, pero en la bajura? ¿Cómo hacer universidad (queriendo decir apenas “institución de educación superior”) si los académicos no quieren mostrar sus fuentes, o no pueden mostrarlas, o simplemente no las tienen?

No, señor. Los únicos que le temen al saber y a la teoría son los que quieren mantener al prójimo en la ignorancia, los que quieren controlar su facultad interpretativa, los que simplemente no saben o, el más trivial de los motivos, los que quieren estafar a sus alumnos vendiéndoles cuatro años de inconsciente diletantismo en vez de una formación más o menos digna. No alcanzo a adivinar, sin embargo, en cuál de las cuatro categorías caben los autores del parrafito.

One Response to “Moralinas III: La teoría del parrafito”

  1. Guarifaifa Says:

    siguiendo la teoría del parrafito, también habría que suspender toda filosofía para mejor dedicarse a conocer al hombre a través de la pura experiencia, concluyendo a lo más con algún refrán: “de tal palo, tal astilla”. ¿todo lo que va más allá de eso es “cháchara de alturas”?
    De más está decir que nuestro amigo Warnken cita a Heidegger en CADA UNA de sus entrevistas…–>


Leave a Reply